Si estás coloreando Diseña tu Espacio, o cualquier otro libro de interiores, lo más probable es que te hayas preguntado con qué pintarlo.
¿Rotuladores o lápices? ¿Cuántos colores hacen falta? ¿Se traspasa el papel?
Si vienes del minicurso, esta es la lista de la que te hablaba.
En este artículo te cuento todo lo que he aprendido después de muchas pruebas (y errores): mis marcas favoritas, lo que más me ha funcionado, y cómo elegir materiales para colorear que realmente se adapten a ti.
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Cómo coloreo yo
Trabajo en tres pasos:
- Primero el color, con rotuladores al alcohol: es la base, dejar cada zona del papel con su tono. Después el volumen, otra vez con rotulador y a veces con lápices de colores por encima. Y al final, los brillos, esos puntos de luz que hacen que un cristal parezca cristal.
Todo lo que hay en esta lista sirve para uno de esos tres pasos. Si algo no encaja en ninguno, no lo necesitas.
Mi primer maletín
Cuando empecé a colorear no tenía ni idea de por dónde tirar, así que me compré un maletín low cost de 86 colores. Pensé que con eso podría pintar cualquier cosa.No fue así. Muchos colores no los toqué nunca, y los que sí usaba se gastaron enseguida y no había forma de reponerlos sueltos.Tardé en entender qué había fallado. No era que tuviera demasiados colores. Era que no eran los que necesitaba: rojos intensos, fucsias, azules eléctricos, y casi nada de lo que hay de verdad en una casa.
¿Cuántos colores necesitas?
Los máximos que te puedas permitir sin volverte loca. Esa es mi regla. Si puedes comprar 75, mejor que 36, y 36 mejor que 12.
La razón es práctica. Las sombras y los volúmenes salen mucho más fáciles, y mucho más ricos, cuando tienes varios tonos de un mismo color. Con uno solo de cada también se puede sombrear, usando complementarios u otros tonos, pero se complica bastante, y al principio no merece la pena pelearse con eso.
Con una condición, la que yo aprendí con el maletín: que sean los tonos adecuados. Antes de comprar un set, mira la carta de colores y fíjate en que tenga variedad de grises, beiges, marrones y verdes. En una ilustración de interiores se usa muchísimo más un marrón que un rojo.
Y si puedes, elige una marca que venda los colores sueltos. Los que más uses se van a gastar primero.
Para empezar: rotuladores con punta de pincel
Lo más habitual es empezar con lápices de colores o rotuladores, y las dos opciones valen. Yo recomiendo rotuladores, porque los resultados se ven desde el primer día, y al principio eso es lo que mantiene las ganas. Los lápices piden más capas, más presión y más paciencia para llegar a un acabado intenso.
La punta de pincel es lo que más ayuda: con ella salen los degradados, que es donde se nota si un espacio parece real o no.
La marca que yo recomiendo para empezar es Ohuhu, en base de alcohol. Tiene buena relación calidad-precio y sets de muchos tamaños, así que puedes aplicar la regla de arriba según tu presupuesto.
¿Y los lápices de colores?
Me encantan, pero yo no los uso para dar el color, sino encima del rotulador: para el volumen, las sombras suaves y algún detalle final.
Si vas a comprarlos, que tengan buena pigmentación desde el primer trazo. Los escolares suelen frustrar más de lo que ayudan. Hay marcas asequibles que cumplen de sobra.
Cuando ya sabes lo que te gusta
En mi mesa hay Copic Sketch y lápices Faber-Castell Polychromos. Te lo cuento porque es lo que uso, no porque haga falta para empezar: son caros, y con lo de arriba se puede colorear el libro entero.
Las Copic tienen una punta de pincel muy suave y difuminan de maravilla. Lo bueno es que se venden sueltas, así que cuando ya sepas qué tonos se te gastan antes, puedes ir comprando justo esos, uno a uno, sin hacer una gran inversión de golpe.
Qué más sirve y qué no
Las ceras funcionan bien. Los pasteles también, aunque suelen ser para gente con algo más de práctica.
Lo que no recomiendo en el libro es la acuarela ni ninguna técnica húmeda. El papel no está pensado para mojarse.
El rotulador sí lo aguanta, y el reverso de cada ilustración está en blanco, así que no hay ningún dibujo detrás que se pueda estropear. Aun así, en el paquete del libro va una lámina protectora: ponla debajo de la hoja que estés pintando y no tienes que pensar más en ello.
Pequeños extras que cambian mucho
Bolígrafo de gel blanco (o pastel blanco)
Es lo último que uso en cada ilustración y probablemente lo que más cambia el resultado. Sirve para los brillos: un punto en un jarrón, una línea en el borde de un cristal. Se aplica al final, sobre el rotulador ya seco. Si no tienes, un pastel blanco hace el mismo trabajo.
También tengo en dorado y plateado, que uso menos, pero para algún detalle concreto quedan muy bien.
Rotuladores de punta fina
Para definir los detalles pequeños: los libros de una estantería, las costuras de un cojín, el pie de una lámpara. Yo tengo varios en tonos tierra, grises y negro, porque combinan con casi todo. Y son baratos.
Máscara líquida
Este es más para cuando ya lleves un tiempo. Se pone sobre zonas pequeñas que quieres dejar limpias, como un marco o un pomo, y puedes pintar alrededor sin miedo. Cuando termines, se retira con el dedo.
No hace falta tenerlo todo el primer día. Empieza con lo que tengas en casa, y cuando quieras dar el paso, vuelve aquí.

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